En entradas anteriores del blog ya se ha comentado qué es y cómo funciona Blockchain, además de las oportunidades que dicha tecnología ofrece a los clientes del sector eléctrico. En esta, vamos a volver a hablar de esta tecnología, describiendo el amplio abanico de posibilidades que ofrece la misma en el sector energético y medioambiental.

A modo de introducción, conviene destacar que la tecnología blockchain tiene el potencial de transformar el sector energético (y, de hecho, ya ha comenzado a hacerlo). El World Economic Forum ya identificó en 2018 (en su publicación titulada « Building Block(chain)s for a Better Plannet » (septiembre de 2018)) más de 65 casos de uso de aplicación de Blockchain en el sector energético y medioambiental. Estos casos de uso incluyen modelos de negocio para los mercados energéticos, el intercambio de créditos de carbono e incluso la utilización de una cadena de bloques para almacenar la información relativa a certificados energéticos.

El registro distribuido e inmutable que proporciona la tecnología Blockchain permite la compartición de información entre iguales de forma segura y sin la necesidad de intermediarios o entidades centrales que gestionen el intercambio de información. Se trata de una tecnología capaz de transformar completamente muchos procesos en el ámbito de los negocios, la gobernanza y la sociedad, brindando múltiples oportunidades para luchar contra el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la escasez de agua.

Una aplicación muy interesante de blockchain es su utilización en el intercambio de energía entre iguales.  Hoy en día, muchos consumidores de energía se han convertido en “prosumidores” (es decir: además de consumir energía pueden también generarla (son capaces de generar energía renovable)). Por ello, y dada la intermitencia y la enorme dificultad de predecir con exactitud la disponibilidad de las energías renovables, los prosumidores pueden decidir instalar dispositivos de almacenamiento para poder almacenar dicha energía y así tenerla disponible cuando la necesiten, e incluso pueden vendérsela a otros consumidores que puedan necesitarla en otro momento. La utilización de Blockchain en este caso es clara: dicha tecnología proporciona un registro distribuido e inmutable de las transacciones realizadas, y elimina la necesidad de entidades centrales que gestionen dichos intercambios. Cuando se plantean estas situaciones, la mayor parte de nosotros pensamos en la energía eléctrica, pero también es posible intercambiar otros tipos de energía, como pueden ser el calor y/o frío residual.

En el ámbito del proyecto SO WHAT, CARTIF ha participado en la definición del modelo de negocio asociado a la utilización de Blockchain para el intercambio de calor y frío residual. Por otra parte, tanto en el proyecto de investigación interno OptiGrid (financiado por el Instituto de Competitividad e Innovación Empresarial (ICE), cuyo objetivo principal era el desarrollo de soluciones innovadoras en el ámbito de las smart grids), como en el proyecto Energy Chain (proyecto financiado también por el ICE y en el cual CARTIF participa en calidad de subcontratado por Alpha Syltec Ingeniería) se ha trabajado y está trabajando en soluciones blockchain para desplegar plataformas de intercambio de energía entre iguales. En el caso del proyecto Energy Chain, los algoritmos de machine learning desarrollados por Alpha Syltec Ingeniería generarán valiosa información sobre predicción de la generación y la demanda que será utilizada como entrada por los contratos inteligentes desplegados en la plataforma blockchain anteriormente mencionada.

Por otra parte, la utilización de Blockchain en el ámbito de las Ciudades Inteligentes o Smart Cities está cada vez más extendido dada su capacidad para transmitir información de forma segura y sin intermediarios. Además de su utilización en el sentido comentado en el párrafo anterior, blockchain puede impulsar la utilización del vehículo eléctrico, puede utilizarse como soporte a la participación ciudadana (incrementando la seguridad, transparencia y fiabilidad en las consultas a la población tales como elecciones, encuestas, referéndums, etc.), etc.

También existen iniciativas que ayudan a las entidades (o incluso a particulares) a compensar su huella de carbono invirtiendo en proyectos de descarbonización, y muchas de ellas utilizan la tecnología blockchain para dotar de una mayor seguridad y transparencia a sus operaciones. Este es el caso de ClimateTrade, cuyo principal objetivo es ayudar a las empresas a alcanzar la neutralidad de carbono ofreciéndoles su servicio de compensación de emisiones.

Otra iniciativa muy interesante es la utilización de blockchain para resolver el problema de la garantía de origen (GdO), que actualmente únicamente puede realizarse mediante acreditación por parte de un tercero que asegurará que un número, X, del total de megavatios-hora de energía eléctrica producidos en una central en un periodo temporal determinado han sido generados a través de fuentes de energía renovables. Utilizando blockchain ya no es necesaria la intervención de un tercero que proporcione tal acreditación, lo cual reduce costes y tiempos de espera.

Ciudades como Nueva York y estados como Virginia Occidental han utilizado blockchain para intercambiar electricidad o votar utilizando el móvil, Estonia lo está utilizando para la gestión de datos personales, y el Smart City Program de Dubái contempla más de 500 proyectos blockchain que cambiarán la forma de interactuar con la ciudad. Blockchain es ya una realidad, y ha venido para quedarse.

Susana Gutiérrez

Ingeniera Informática por la Universidad de Valladolid (2008) y Máster en Inteligencia Artificial Avanzada por la UNED (2012). Investigadora y jefa de proyectos en CARTIF desde el año 2001, inicialmente en la antigua División de Tecnologías de la Información y la Comunicación, y posteriormente en la División de Energía, en la que desempeña su actividad actualmente. A día de hoy, realiza tanto tareas de coordinación de proyectos de I+D nacionales y europeos como tareas más técnicas relacionadas con las TICs aplicadas a la Eficiencia Energética en edificios/distritos y las smart cities
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Ingeniera Informática por la Universidad de Valladolid (2008) y Máster en Inteligencia Artificial Avanzada por la UNED (2012). Investigadora y jefa de proyectos en CARTIF desde el año 2001, inicialmente en la antigua División de Tecnologías de la Información y la Comunicación, y posteriormente en la División de Energía, en la que desempeña su actividad actualmente. A día de hoy, realiza tanto tareas de coordinación de proyectos de I+D nacionales y europeos como tareas más técnicas relacionadas con las TICs aplicadas a la Eficiencia Energética en edificios/distritos y las smart cities

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