Microalgas por aquí, microalgas por allá. Raro es no haberse encontrado con alguna noticia sobre el aprovechamiento y los mil usos de estos microorganismos que hace unos años simplemente conocíamos como aquellos que tiñen el color de las aguas saladas y dulces.

Las microalgas son una fuente muy provechosa para la humanidad, extendiéndose su aplicación a campos como la alimentación, la agricultura, la acuicultura, la farmacología y la cosmética, entre otros. Asimismo, pueden generar energía limpia y biocombustibles de segunda generación, contribuyendo con ello al desarrollo de la economía circular.

Pueden crecer de manera autótrofa o heterotrófica. En la primera emplean la luz solar como fuente de energía y CO2 como fuente inorgánica de carbono, consumiendo nutrientes y produciendo oxígeno, mientras que en el modo de crecimiento heterótrofo la única fuente de energía o carbono son los compuestos orgánicos.

Las microalgas heterótrofas tienen un gran potencial para absorber el carbono orgánico y varios tipos de compuestos de nitrógeno y fósforo de las aguas residuales sin necesidad del aporte de luz solar. Se trata, por tanto, de una gran oportunidad que permite el tratamiento de las aguas residuales prácticamente en cualquier tanque cerrado, disminuyéndose en gran medida la superficie de tratamiento a utilizar.

Proyecto LIFE ALGAECAN

Con el proyecto LIFE ALGAECAN, coordinado por CARTIF, se propone un nuevo sistema de tratamiento sostenible de efluentes de la industria agroalimentaria mediante el cultivo de microalgas heterótrofas, obteniendo un sub-producto de alta calidad como materia prima y de interés comercial. Este sub-producto tiene como objetivo último su uso como biofertilizante y/o pienso animal.

Los efluentes del lavado y procesamiento de verduras y frutas son una materia prima ideal para el crecimiento de microalgas, ya que tienen menor carga contaminante que otros efluentes industriales y son muy ricos en nutrientes.

La planta demostración ha estado instalada y operando durante seis meses en las instalaciones de la empresa HUERCASA, en Segovia (España), realizando el tratamiento de su agua residual procedente del lavado y procesamiento de verduras y consiguiendo el crecimiento rentable de microalgas en reactores cerrados y sin luz.

¿Este tratamiento resulta beneficioso ambiental y económicamente?

El consorcio del proyecto ha diseñado y desarrollado este prototipo de tratamiento, alimentado con energías renovables, concretamente con energía solar y con apoyo de biomasa, con el objetivo de minimizar la huella de carbono y los costes de operación.

Por otro lado, se obtendrá un beneficio económico con la venta de las microalgas obtenidas como biofertilizante, ya que la biomasa microalgal contiene micro y macronutrientes, especialmente nitrógeno, fósforo y potasio, que puede ayudar a mejorar la fertilidad del suelo y estimular el crecimiento de las plantas.

Los resultados obtenidos han sido favorables hasta el momento dado que se está consiguiendo un agua depurada dentro de los parámetros legales de vertidos, además de la eliminación completa de los lodos que se generan en el proceso tradicional de depuración de este tipo de aguas en condiciones aeróbicas.

El fin último del proyecto es replicar sus resultados en otros lugares y durante los próximos seis meses la planta estará operando en el segundo demostrador en las instalaciones de la empresa VIPÎ, en Eslovenia, donde las condiciones ambientales son diferentes.

El consorcio del proyecto lo forman los Centros Tecnológicos CARTIF (como coordinador) y AlgEn (Eslovenia), las empresas HUERCASA (España) y VIPÎ (Eslovenia), y la Universidad de Atenas (Grecia).

Lidia Garrote

Ingeniera química. Actualmente trabaja en el desarrollo de proyectos I+D+i relacionados con la economía circular.
Facebooktwitterlinkedin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *